Un día te despiertas y ves tu cuerpo
mutilado, el dolor es inmenso, la sensación de vacío no es inmediata pero,
sabes que ya no será lo mismo. Sin embargo, un día amanece y sabes que ya no
tienes un seno o dos pero, estás viva, el aire recorre tu rostro, los olores
son extraordinarios, poco a poco regresa el gusto por la comida, te salen tus
primeros cabellos, comienza a quitarse ese color morado de las uñas, tu piel
recuerda lo bella que era y se transforma en algo totalmente nuevo… estás
renaciendo.
Y ahí te das cuenta que las estrías,
los gorditos de la espalda, la cicatriz que te quedó por el acné adolescente,
el mal tinte que te pusiste hace un mes o tu nariz que te acomplejo durante
toda tu vida es lo que menos importa. Ya no importa.
Eres hermosa, fuerte, luchadora,
aguerrida y lo mejor de todo, eres tú, tu esencia femenina no la has perdido,
no eres menos mujer… y eso, querida amiga, es lo más maravilloso que Dios te
dio.
Si el cáncer no te mato, la actitud
ante el cáncer si lo puede hacer.

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